Capítulo
Final
Jaejoong
caminó a través de las frías y silenciosas habitaciones de su
casa, seguía usando su abrigo y cargando su maleta de fin de semana
con el aire de un huésped de hotel.
Recordó la primera vez que él
y Minho habían visto la casa, seis meses antes de su
boda. Se enamoraron de ella en el momento que cruzaron la puerta.
No era la más grande o la más llamativa, pero podían convertirla
en el nido perfecto para los dos —o tres, llegado el
momento—, le había dicho Minho sonriendo al agente
inmobiliario.
La
encimera de mármol negro en la cocina estaba fría bajo
sus dedos. Había estado más allá de su modesto presupuesto, la
verdad, pero Minho se lo gastó todo para conseguirla porque a
Jaejoong le encantaba.
Se
detuvo en la sala de estar para estudiar la fotografía de
ellos tomada el día de su boda. No era la mejor foto de
Jaejoong, pero le había otorgado un lugar de honor porque
había capturado una sonrisa de pura alegría en el rostro
de Minho.
Mirándola
ahora, todo lo que podía ver era la misma sonrisa en una
foto diferente, siendo otorgada a una mujer.
En
el dormitorio, dejó caer su maleta al final de la cama pulcramente
hecha y se sentó torpemente a su lado. De todas las
habitaciones de la casa, esta se sentía con mucho la más
premonitoria.
¿Había
traído Minho a esa mujer aquí alguna vez?
¿Habían
hecho el amor en su cama?
Jaejoong
se puso de pie ante la desagradable idea y desabotonó su
abrigo color rojo cereza lentamente, luego abrió la cremallera de su
maleta.
Necesitaba
desempacar, para quitar a Noruega y a Jung Yunho de su ropa
y de su mente.
Sacudió
su mejor traje y lo sostuvo contra él. Tenía que ser
lavado en seco para quitar las manchas de color crema
panacotta que destacaban crudamente contra la tela negra.
Jaejoong
quedó sin aliento por el recuerdo de la última noche en el
comedor de Yunho. ¿En serio fue hace menos de veinticuatro
horas? Se sentía como toda una vida.
Cuando
metió la mano en su bolso de nuevo, sus dedos se toparon
contra algo que no había esperado encontrar allí. Algo
duro. Frunció el ceño y apartó la ropa hacia un lado,
luego jadeó suavemente.
Una caja negra poco profunda, de la
longitud de una caja de zapatos, yacía en el fondo de su
maleta. Una caja con el familiar logo de Jung Corp grabado en color
gris plomo en la parte superior.
Jaejoong
respiró fuerte y volvió a sentarse. ¿Qué había dentro? La sacó
y la equilibró con cuidado sobre sus rodillas. Era más
pesada de lo que había esperado, y estaba seguro de que lo
que fuera que contenía no lo ayudaría a sacar a Yunho de su
cabeza. Debería esconderla en el fondo de su armario sin mirar
dentro. O incluso mejor, tirarla directamente a la basura.
Abrió
la caja.
Sus
dedos temblaron mientras desprendía el papel de seda negro de gran
nitidez de su interior. Había una tarjeta, gruesa, cremosa
e inscrita con la oscura letra de Yunho.
"Tus
tres deseos.
9
am del lunes.
Debes
estar allí.
Yunho."
Jaejoong
sabía exactamente lo que había entre los pliegues del
papel de seda, pero retiró los objetos uno a uno de todos modos.
Un
fragmento de encaje negro y seda. La pesada bellota de plata, de
repente demasiado aburrida y de mal gusto. El consolador de cristal
amanecer, despojado de sus arco iris y de su brillo por los opresivos
cielos de Corea y el humor de Jaejoong.
Todo
parecía tan ordinario, tan mundano, aquí en su ordenada
habitación. Tal vez Yunho había sido el mago cuyo toque los había
traído a la vida. Mientras suspiraba y doblaba de nuevo el tejido
para devolverlos a su caja, algo más ubicado en el fondo captó su
atención.
Tomó
la pequeña caja de terciopelo dorado, vintage, si la muy
querida condición de la tela era un indicador. Suave y
gastada, Jaejoong supo al instante que alguien había
acariciado su contenido lo suficiente como para sostenerla a
menudo.
Sus
dedos se curvaron sobre los bordes y la agarró con
fuerza. Cálido y táctil en su palma, Jaejoong solo podía
preguntarse qué había dentro, y por qué Yunho había querido que
él lo tuviera.
Jae
despegó sus dedos y levantó la tapa con bisagras
lentamente.
Una
hoja de papel doblada cayó revoloteando sobre su regazo,
luego vio que dentro de la caja había un delicado brazalete
de oro, sus eslabones intercalados de vez en cuando con la
pequeña cuenta de una joya. Cada diamante brillaba con la luz
del amanecer mientras lo sostenía a contraluz para estudiarlo. Se
quedó sin aliento. Era impresionante, como si alguien hubiera
llegado y tomado pequeñas manchas del brillante cielo
nocturno noruego.
Pero
no era solo la belleza del brazalete lo que lo hipnotizaba.
Jaejoong
lo reconoció. Lo había visto una vez antes.
O
más bien había visto una fotografía de alguien que lo llevaba.
La
madre de Yunho.
Había estado alrededor de su muñeca en
la fotografía que había sobre el escritorio de Yunho.
Jaejoong
contuvo las lágrimas que amenazaban con empezar de nuevo mientras
miraba la delicada y preciada joya. Los juguetes sexuales habían
sido inesperados, pero no estaba sorprendido de encontrarlos allí.
Pero
esto… ¿por qué? Debía de ser precioso para él. Jae
dejó el brazalete cuidadosamente de nuevo en su caja y tomó la
nota.
"Una
fuerte y hermosa mujer amaba esto mucho.
Puede que siempre te
recuerde lo grande que es el mundo,
y que siempre tienes elección.
Recuérdalo,
Príncipe.
Y."
Jaejoong
leyó las palabras otra vez y sacudió la cabeza con
suavidad. Justo cuando pensaba que había descifrado todo de
Jung Yunho, él cambiaba completamente y hacía algo tan
desvergonzadamente romántico que deseaba que estuviera allí
para que él pudiera mirar en sus ojos y ver la verdad que
Yunho no habría sido capaz de ocultar.
Cerró
el broche de la pulsera alrededor de su muñeca, viendo
las pequeñas piedras emitir tonos del arco iris sobre su
piel. Y entonces, segundo por segundo, minuto por minuto, Jaejoong
simplemente se sentó y recordó.
Recordó
vastos cielos caleidoscopio, montañas cubiertas de nieve y
brillantes fiordos.
Recordó
piel caliente en su espalda y champaña fría en la
lengua. Y recordó el oscuro y complejo lobo solitario que
dormitaba a través de los hermosos hombros del hombre que
se había tomado el tiempo para enseñarle lo grande que es el
mundo realmente.
Perdido
en sus pensamientos, Jaejoong se estremeció al oír el
sonido repentino de la puerta principal al cerrarse de golpe
en la planta baja.
Pasos
y una maleta arrastrada por el suelo de madera de la sala
anunciaban el regreso de Minho. Jae se quedó sin aliento y
rápidamente guardó los tres deseos de Yunho en la caja negra.
Era
hora de ir a la batalla.
En
la esquina azul, su marido. El hombre al que había
planeado amar para siempre.
En
la esquina roja, su amante. El hombre al que no había planeado amar
en absoluto.
Jaejoong
vaciló, sintiéndose expuesto y solo.
¿Realmente
amaba a cualquiera de ellos? ¿Cualquiera de ellos lo amaban
a él?
—¿Jae?
—La urgente voz de Minho llegó por las escaleras—. Nene, ¿estás
allí arriba?
Jae
fue hasta el armario y rápidamente metió la caja negra
en un espacio en el fondo, luego cerró la puerta silenciosamente.
—Ya
voy —gritó, sorprendido de que su voz sonara tranquila y clara.
Con
una última mirada hacia el brazalete en su muñeca, abrió
la puerta de la habitación y se dirigió a las escaleras.
Y
fue entonces cuando alguien golpeó la puerta principal con fuerza.
Jaejoong
se congeló a medio camino bajando las escaleras, sus ojos
sobre la familiar espalda del traje de su marido mientras
él giraba el pestillo de la puerta.
Fugazmente,
Jae admiró su minuciosidad al recordar llevar traje de
negocios, incluso aunque Jae sabía que no había estado ni
siquiera cerca de una reunión.
Muy convincente, Minho.
Jae
sabía quién estaba fuera. Era inevitable.
Minho
abrió la puerta y miró al extraño recostado de brazos cruzados
contra el marco de la puerta.
—Lo
que sea que está vendiendo, no lo necesitamos —dijo irritado.
El
extraño le miró fijamente y no dijo nada.
Pasó
un largo momento. Jae sintió que Minho estaba a punto de
tratar de cerrar la puerta. Lo sabía con tanta certeza como que el
visitante lo impediría.
Rompió
el silencio.
—Él
no está vendiendo nada. —Jaejoong habló suavemente pero
con claridad, mirando de un hombre a otro.
Minho
volvió sus inquisitivos ojos en su dirección. Estuviera listo o no,
parecía que los combatientes estaban saliendo de sus esquinas a
pesar de todo.
¿Se
suponía que tenía que hacer de árbitro entre ellos?
¿Cómo podría?
Su
lealtad estaba dividida entre el hombre con el que se
había casado para bien o para mal, y el hermoso vikingo
que había puesto su mundo del revés.
—Él
es Yunho. —Tragó saliva con fuerza.
Segundos
pasaron. Jaejoong casi pudo oír el sonido de la campana.
—Es
Jung Yunho.
Mi
Jefe... y mi amante.
FIN
Como
siempre muchísimas gracias a todas quienes me leen, este es el final
del libro 1, son un total de 3 libros, el 2 y el 3 aún no han sido
traducidos al español, pero apenas lo sean continuaré con esta
historia. Muchas gracias por sus comentarios y por apoyarme en todas
y cada una de las adaptaciones que hago.
